Bruce Springsteen-Magic

No nos vamos a engañar. Después de 35 años de carrera, quien espere algo nuevo del señor Springsteen lo lleva clarinete. Tiene un modelo de canción rápida, uno de balada y uno de medio tiempo, pero amigo, cómo suena. Quien haya visto un directo de Springsteen y la E-Street Band (o visto un dvd, no nos vamos a poner tontos) sabe de lo que hablo. Después de tres décadas tocando juntos los temas de Springsteen son una auténtica máquina de precisión, cada cual tiene su parcelita bien delimitada en la que trabajan para el tema, y tanto en directo como en estudio funcionan como una auténtica apisonadora: mil guitarras, a repartir entre el jefe, el señor Lofgren y el Soprano Van Zandt, el piano de maese Bittan, órganos y acordeones de Federicci, la batería más que contundente (ah, pero lleva timbales?) de Weinberg y el bajo de Tallent. Y por supuesto el gran Clemons con su saxo, copyright de los solos pop-rockeros y la señora de Springsteen a los coros y más guitarras. En su nuevo disco de estudio, “Magic”, se despide de la E-Street Band haciendo lo que hace como nadie. Rock pegadizo de guitarras afiladas, estribillos potentes, contundencia rítmica, donde siempre hay espacio para añadir algo más a la mezcla. Cuenta la leyenda que Springsteen estuvo a punto de enloquecer buscando un sonido propio durante la grabación de Born to Run. Lo que consiguió, ese muro de sonido característico, denso y palpable, forma parte fundamental de la música popular de los últimos 30 años, y es lo que nos vamos a encontrar en este Magic. A quienes les guste, enhorabuena. Y a quien no, pues que no clique abajo y ya está.

La lengua popular-Andres Calamaro

Directo al ventrículo derecho. Tenía que venir un disco así para poner la banda sonora a estos días tan absurdamente post-estivales y ausentes de motivos (”…hay días sospechosamente light…”) . Adoración de fan o no: Calamaro campeón.

Cada cual que se aferre a sus orejillas y a sus tragaderas líricas: niñocubo sugiere encarecidamente tres “temones”:

corte 1. Los chicos. coros indefectiblemente argentinos y guitarras pesadotas. El estribillo-coreo es recomendable escucharlo a primera hora de la mañana para ponerse como un toro y así encajar mejor los ganchos rutinarios.

el corte 5. Mi gin tonic. La entrada y el cambio-estribillo (o lo que sea) es made in Andrés, o sea, made in dios. amén.

Corte 7. Cada una de tus cosas. Este tema es el paradigma de los pelos como escarpias. El minuto 2.08 y posteriores: inmejorables.

5 minutos más (Minibar) - ANDRÉS CALAMARO **NEW** **NUEVO**

Pues sí, hombres de poca fe. Calamaro ha vuelto como más nos gusta, haciendo de Calamaro, como siempre queremos desde nuestro egoísmo que se comporten nuestras estrellas, imitándose a sí mismos y dándonos nuestra dosis de genialidad cotidiana. No perdonamos a nuestros ídolos que quieran dejar de ser ellos mismos, que se anden por las ramas y que nos olviden. Seguimos su obra con la esperanza de recibir más de aquello que nos golpeó duro en su momento. “Alta suciedad” y “honestidad brutal” nos dejaron temblando, nos marcaron el camino a seguir, siempre quisimos más…
La verborrea arbórea de “el salmón” nos ocultaba el bosque, “el cantante” y “tinta roja” fueron chistes privados que muchos no entendimos,”el palacio de las flores” con nebbia nos dejó fríos, y luego “el regreso”, ahora el regreso, Calamaro con Ariel, Calamaro con Fito, “la lengua popular” Calamaro ha vuelto. Hombres de poca fe…

quique gonzález

No sé que tiene este chico que me pone malo. Malo en el mismo sentido que me pone malo Scarlett Johanson o la Belluci. Bueno, no en ese sentido. Me pone malo igual que Van Morrison. O Fito Páez. O Calamaro. Muy poquitos me producen ese efecto. Ese punto de oír tres notas y estar rendido. Lennon, Nilsson, Harrison, unos poquitos tienen ese don.

Quique González - "Avería y redención #7"

Le odio por ser tan cercano, de Madrid, tan normalito, bajito, y ser tan escandalosamente bueno. Como esa vecina tan espectacular que ni te habla, que no es lo mismo que si no te habla la Belluci.Van Morrison o las estrellas argentinas son de muy lejos. Enormes y lejanos. O Lennon, o Nilsson, de más lejos todavía. Como la Johanson o más.
Pero Quique no. Quique podría ser cualquiera. Me remueve por dentro, me llega de mala manera por hacer lo que yo quisiera hacer, decirlo como a mí me gustaría y sonar como dios. Sé a ciencia cierta cuál va a ser el siguiente acorde, la siguiente inflexión de voz, casi casi hasta la siguiente línea de texto. Esto entronca con el comentario al nuevo cd de Calamaro. Cuando lo escuché por primera vez , ya lo había oído antes. Las estructuras, los ripios, las notas altas de hammond y los coros de arrabal. Espectacular. Pues eso me pasa con Quique. Pero más.

El 1 de Octubre sale su nuevo disco, “Avería y redención #7“. La preescucha de los temas (17) promete, y mucho(Aquí tenéis el primer single, “hay partida”).Sé de alguno que ya se los sabe. Ha cambiado de banda, pero da igual. Quique en estado puro. Como siempre. La primera frase marca el tema. Las primeras 5 o 6 notas. Ya te han atrapado. Como la entonación del canto gregoriano. Ya no te escapas. Da igual si está sólo con el piano (Dios sabe que odio el rollo cantautoril, pero ni por esas) , si se tira al folk, con más banda, con menos. Da igual si baladas, medios tiempos o rocanrroles (ahí me mola menos, cierto es), el tío me pone malo. Amor-odio, vamos.

Será que las cosas no tienen un porqué, digo yo. Y a mí este tío me pone malo. Y no debiera, pero me pone malo. Como una presentadora de la sexta, pero en otro sentido.

(En cuanto salga el disco me temo que habrá aquí dosis de verborrea pro-quique para aburrir… )