Traveling Wilburys

Algo habíamos oído hablar de los Traveling Wilburys, que si un supergrupo con Harrison y Dylan, que si se lo pasaban muy bien, que si también estaba Roy Orbison…El caso es que hasta hace bien poquito permanecían en ese limbo de los justos donde habitan aquellos de los que un día seremos fans, esperando que los descubramos. Fue en el Concert for George donde aparecía un tema pegadizo, “Handle with care”, cantado por Tom Petty y Jeff Lynne, que despertó mi curiosidad. Y gracias a youtube todo vino rodado.

La historia es más o menos como sigue. George Harrison propuso este tema como cara b del single “This is love” de su álbum del 88 “Cloud nine”. Y a la compañía de discos le pareció tan bueno que le pidió que no lo desperdiciara como cara b. El caso es que el tema se había grabado en el estudio de Bob Dylan (no necesita presentación, Premio Príncipe de Asturias, voz de gato, el mejor letrista del mundo, padre de los cantautores eléctricos, amén) con Jeff Lynne como productor(alma mater de la ELO, rock sinfónico de los 70 y procuctor de prestigio) y con la colaboración de otros dos colegas que pasaban por ahí, Tom Petty y el gran Roy Orbison (admirado por todos, por los Beatles más que por nadie). De eso a hacer un disco entrero juntos hubo un paso. Se lo pasaban realmente bien, haciendo barbacoas con los niños, grabando y componiendo en igualdad de condiciones y sin la presión a la que les sometían sus carreras (de rock stars) en solitario.

El nombre de Traveling Wilburys al parecer surge de un chiste privado de Harrison y Lynne, que cuando grababan algo que no les gustaba lo llamaban Wilbury (”will bury it in the mix-lo eliminaremos en la mezcla”). Con un sentido del humor entre inglés (no olvidemos que Harrison era más que colega de los Monty Python) y de granjero americano, cada miembro del grupo eligió un seudónimo, fingiendo ser los hermanos Wilbury. Con la colaboración a la batería de Jim Keltner, el sexto Wilbury, surgió un primer álbum, Volume 1, y un par de años después y tras el fallecimiento de Roy Orbison un segundo, Volumen 3 (lo que es el humor inglés). La acogida fue buena, no en plan superventas, ni falta que les hacía, pero se hicieron su huequito en el panorama de la época. El caso es que este año por fin se editan en España los dos discos, en una caja llamada Collection que incluye un dvd con sus vídeos y un pequeño documental. De entre los dos discos (25 temas en total) descartaría como mucho uno o dos cortes. El resto son pura cremita para el paladar auditivo.

Estos cinco capos se juntaron en un estudio a disfrutar, y se nota, y nos hacen disfrutar a nosotros casi dos décadas después. Un regusto a rock clásico, del de los 50 (a ver, si está Roy Orbison con sus secuaces!!), incluso con alusiones expresas a temas de género (”7 deadly sins”) giros al country y pop del de siempre, letras más que dignas-algunas antológicas (irónico Dylan en “Congratulations”), estribillos pegadizos, punteos de lujo…todo lo necesario para llevarlo vuelta y vuelta en el cd del coche.

La producción es exuberante (marca de la casa de Lynne: menos es más…y una mierda), destacando una base de guitarras acústicas de 6 y 12 cuerdas (5 guitarristas, es lo que tiene), y la importancia de los coros, de lujo, muchas veces en pregunta-respuesta para aprovechar la circunstancia de tener cinco cantantes (que por cierto, se turnan como voz principal) . Un master de producción donde ni sobra ni falta, y donde cada detalle se escucha donde y como es necesario.

Una cosita más para destacar, para los muy cafeteros. El hecho de tener cinco figuras de esa talla funcionando con pleno altruismo hace que las canciones sean de una riqueza compositiva extraordinaria. Como pasaba en las clásicas de Lennon-McCartney, alguien propone la canción casi entera y otro u otros le añaden una parte nueva, contrastante (el middle-eight, lo llamaban, los ocho compases de cambio) que te deja perplejo, un tema dentro de otro tema…

En fin, resumiendo, que toda persona de bien debería ser fan de los Wilburys, al menos un poquito.

niños perdidos en La Pequeña Bety (27-10-2007)

El sábado pasado tuvimos el placer de tocar en la sala La pequeña Bety, en Chueca (Madrid). Está en el sótano del restaurante Kembala, en la Calle de la Reina, tiene muy buena acústica y el tamaño justo para grupos aún minoritarios (Héroes del Silencio abstenerse). Si fuese cursi diría que un sitio coqueto para tocar. O sea, que un sitio coqueto para tocar. El técnico, David, muy atento y muy bueno sonorizando, cualidades ambas que no suelen coincidir en la misma persona. Es broma. Bueno, no.

Tras la aventura de aparcar en Chueca un sábado a las 19,30 (no fue para tanto, nos acompaña un guitarrista-mago que puede con todo), y tras una breve prueba de sonido comenzó a llegar la gente. Amigos y amigas adeptos, algunos llegados desde lejos (Palencia, Castellón, Valladolid) amigos de amigos, que nos conocían de oídas, amigos de amigos de amigos, que no nos conocían de nada… en fin, todas las combinaciones posibles hasta presentar una entrada que superó lo que esperábamos. Es de agradecer que la gente, incluso aquellos que no te conocen de primera mano, ni de segunda, se dejen engañar para acercarse a escuchar lo que haces. Pero que muy de agradecer (gracias otra vez).

Los grupos que aún no tenemos legiones de seguidores (eufemismo, por no decir que no nos conoce ni el tato) solemos nutrirnos en los conciertos  de nuestra gente más cercana, no hay más remedio. El poder ampliar ese núcleo duro de seguidores es cuestión de gran esfuerzo. No es fácil escuchar por primera vez a un grupo del que no conoces ningún tema, y mucho menos digerir un concierto entero, especialmente cuando el grupo no es conocido.

Así que juntar de repente a un montón de gente que no te conoce y hacer que se lo pasen bien, e incluso adoctrinar a algún seguidor que otro es un gran placer para nosotros. Nos divertimos tocando, contando nuestras historias, y hay gente que en mayor o menor medida se divierte escuchando. Quid pro quo, que decía el dr. Lecter. Al fin y al cabo, en eso consiste esta historia, entretener y ser entretenido. Y de paso entretenerse uno mismo. Yo me entiendo.

Como dice Van Morrison, “Es demasiado tarde para para ahora”.

Pus eso. Que la rueda siga girando…

Bruce Springsteen-Magic

No nos vamos a engañar. Después de 35 años de carrera, quien espere algo nuevo del señor Springsteen lo lleva clarinete. Tiene un modelo de canción rápida, uno de balada y uno de medio tiempo, pero amigo, cómo suena. Quien haya visto un directo de Springsteen y la E-Street Band (o visto un dvd, no nos vamos a poner tontos) sabe de lo que hablo. Después de tres décadas tocando juntos los temas de Springsteen son una auténtica máquina de precisión, cada cual tiene su parcelita bien delimitada en la que trabajan para el tema, y tanto en directo como en estudio funcionan como una auténtica apisonadora: mil guitarras, a repartir entre el jefe, el señor Lofgren y el Soprano Van Zandt, el piano de maese Bittan, órganos y acordeones de Federicci, la batería más que contundente (ah, pero lleva timbales?) de Weinberg y el bajo de Tallent. Y por supuesto el gran Clemons con su saxo, copyright de los solos pop-rockeros y la señora de Springsteen a los coros y más guitarras. En su nuevo disco de estudio, “Magic”, se despide de la E-Street Band haciendo lo que hace como nadie. Rock pegadizo de guitarras afiladas, estribillos potentes, contundencia rítmica, donde siempre hay espacio para añadir algo más a la mezcla. Cuenta la leyenda que Springsteen estuvo a punto de enloquecer buscando un sonido propio durante la grabación de Born to Run. Lo que consiguió, ese muro de sonido característico, denso y palpable, forma parte fundamental de la música popular de los últimos 30 años, y es lo que nos vamos a encontrar en este Magic. A quienes les guste, enhorabuena. Y a quien no, pues que no clique abajo y ya está.