Próximos conciertos

8 de Mayo, sala La Siesta, Madrid

The times they´re a-changin´(y II)


Decíamos ayer que el disco como formato está desapareciendo. Pero quizá no sólo desaparece como formato físico, sino también como formato artístico. Creo que fueron los Beatles los pioneros (para variar, algún día escribiré sobre ellos como pioneros) del disco como concepto unitario. Hasta ellos los L.P. eran sólo una recopilación de singles (una canción por cada cara). Después de 2 o 3 discos primerizos de ese formato empezaron a componer y grabar sus trabajos de una manera consciente, como obras con entidad propia. Ésta forma de trabajar llegó al cúlmen con el Sgt. Pepper, la obra conceptual por antonomasia.

De esta manera se ha trabajado a lo largo del tiempo en mayor o menor manera. Los discos suelen tener una uniformidad de criterios (sonido, arreglos, letras estilo) que hace que los reconozcamos inmediatamente incluso entre otros discos del mismo autor (por ejemplo, Born to Run, Blonde on Blonde, Joshua Tree, Aidalai …)O solían tenerla. Da la impresión de que en este mundo de música de consumo masivo el disco como tal ha dejado de importar. Con tener un par de singles potentes vale. La gente los va a tener, se los va a saber, pero normalmente no va a apostar por el resto del disco. Y eso se nota en la mayoría de los disco de grupos de éxito. Hay dos, tres o cuatro singles y el resto es relleno descarado. No citaré ejemplos por no herir a mis compañeros músicos. Pero sí citaré ejemplos del caso contrario, que también los hay. La amiga Winehouse con su aspecto de producto mediático se lo ha llevado crudo con su “Rehab”, sus juergas, su medio kilo de droja por litro de sangre etc. Pero su disco “Back to black” es sublime. Enterito. Incluso es posible que haya temas mucho mejores que el single super ventas. Y en el panorama local, los amigos de Pereza han hecho un último disco espectacular de principio a fin, aunque incluyan en él 3 singles potentísimos hasta la fecha. Eso sí, habría que ver qué porcentaje de público que tiene “Rehab” en su móvil o ipod conoce el resto del cd, y lo mismo con el “Estrella Polar” de los Pereza.

¿Qué quiere decir esto? ¿Qué el formato disco de más de 10 canciones con su portada etc se está muriendo? Pues puede ser. O quizá debiera ser. Creo que conocemos a la mayoría de los artistas, al margen de nuestros favoritos, por unas cuantas canciones, los singles que suenan por la radio. No nos interesa nada más. Si se trata de los Maná puede que conozcamos el disco entero, dada la cantidad de hits. Pero lo normal son 2 o 3 singles por disco. Y en las fiestas del pueblo estamos esperando a que el grupo de turno toque el pelotazo que han tenido este año, que las otras no nos las sabemos. Así que ¿para qué el resto del material?. Puede que voler al formato single hiciera aumentar la cantidad de calidad en los productos que la industria nos ofrece, al centrarse la producción en un número limitado de temas. Quizá también fuera una manera de democratizar la música, ya que cualquiera se puede permitir grabar 2 o 3 temas al año, pero no todos se pueden permitir grabar 15. O no. Igual el disco como obra es sagrado y no hay que tocarlo…no sé no sé.

¿Vosotros qué opináis?

The times they´re a-changin´

Sí, los tiempos están cambiando. Parafraseando al tío Bob se define la situación actual de la llamada industria discográfica. La que hace no mucho fue la gallina de los huevos de oro se hunde en la miseria. El motivo es muy evidente: ya no se venden discos.

Hace no mucho tiempo (diez o quince años), una compañía discográfica grababa, fabricaba y distribuía un disco cuyo coste era mínimo para ellos y lo ponía a la venta a unas 3000 pesetas, o más. Nosotros lo comprábamos, los grabábamos en cintas de aquellas de 60 o de 90 (que molaban menos porque tardaban en rebobinar la tira), lo guardábamos como oro en paño y mientras lo escuchábamos en nuestra cadena tamaño armario empotrado releíamos una y otra vez los créditos del libreto, las fotos, las letras, las dedicatorias (para Natalia…anda que no tiene que estar buena la Natalia esta…).

Los discos se vendían, algunos artistas millones de copias, otros menos, y otros un poquito (unas pocas decenas de miles), pero lo justo para justificar una gira y vivir de sus canciones.

Las secciones de discos de los grandes almacenes estaban llenas de chavales y no tan chavales, había tiendas de discos en las ciudades, regalar música era habitual, y bonito.

Eso se acabó. Finito. Chis-pón.

Pregúntale al adolescente más cercano cuál es el útimo disco que se ha comprado. Se va a descojonar. Dile luego que es broma, que cuál es el último que se ha bajado y eso. ¿Cómo se va a comprar alguien algo que puede conseguir gratis? Esto es puro Perogrullo.

Primero dejamos de grabar cintas y procedimos a grabar cedés. La calidad era la misma que la del original y la comodidad también, así que poco a poco dejamos de tener discos originales y empezamos a llenar las estanterías de tdk o verbatins. El cd en sí quedó relegado a artículo de lujo (yo es que los de Quique me gusta tenerlos originales y tal).

Ya hemos dado un paso más. El propio disco como soporte está desapareciendo. Ya no tenía sitio en la habitación para la colección de cedés, y empecé a hacerme fuerte en el salón, donde antes había una enciclopedia médica. Las pilas de cedés rebosaban por todos lados, con la consiguiente perplejidad de la familia y visitas.

Hoy llevo en el bolsillo todos esos discos y algunos más, en un ipod que sólo está a la mitad de su capacidad. No recuerdo la última vez que me senté al lado de la cadena a escuchar cedés, como no recuerdo la última vez que alquilé un vhs o me tomé un tang.

La música deja de ser algo tangible y se convierte en un montón de bytes de disco duro a disco duro.

Se veía venir desde hace algunos años, pero es ahora poquito a poquito cuando la industria toma cartas en el asunto. La piratería (unos señores venden a otros el trabajo de un tercero sin permiso de éste) se ha asentado en la sociedad como algo normal y habitual. Se sigue intentando luchar contra ella pero me da la impresión de que cada vez con menos fe. Después de unos años en que las descargas gratuítas no dejan de aumentar por fin las discográficas empiezan a promover la descarga de pago. Un disco puede costar 6 o 9 €, y la descarga de un solo tema para el móvil 1,6€…más iva por 4 sms. El caso es que descargas para el móvil hay miles y de discos legales no. Quizá ese es el futuro de la música. Que el disco desaparezca. De la web al ordenador, y de ahí al ipod. Pues qué pena. Con lo que me gustaba a mí ir a Carrefour y fisgar a ver si habían puesto en serie media alguno antiguo de Van Morrison. Tenía mas encanto que teclearlo en la búsqueda de emule. Definitivamente.

Bueno. Otro día sigo, que tengo que meter el último de Van en el ipod.

 

Aquí estamos otra vez

Después de siglos y siglos de vagar por el proceloso mundo del rock y de la gestión logistica aplicada a la música por fin estamos de vuelta. Una larga primavera de planificaciones y tomas de decisiones trasladó definitivamente nuestro centro logístico  a Madrid, y ya con sede en la capital afrontamos un verano pleno de conciertos, actuaciones y bolos.

Tras la gira veraniega el otoño y el invierno se plantea tocando en salas, sobre todo salas madrileñas y dando vueltas al proyecto de un nuevo disco en el que deberían quedar plasmadas todas las canciones nuevas que se han rodado durante este verano.

Aquí estamos otra vez, esperamos encontraros por el camino.