The times they´re a-changin´
SÃ, los tiempos están cambiando. Parafraseando al tÃo Bob se define la situación actual de la llamada industria discográfica. La que hace no mucho fue la gallina de los huevos de oro se hunde en la miseria. El motivo es muy evidente: ya no se venden discos.
Hace no mucho tiempo (diez o quince años), una compañÃa discográfica grababa, fabricaba y distribuÃa un disco cuyo coste era mÃnimo para ellos y lo ponÃa a la venta a unas 3000 pesetas, o más. Nosotros lo comprábamos, los grabábamos en cintas de aquellas de 60 o de 90 (que molaban menos porque tardaban en rebobinar la tira), lo guardábamos como oro en paño y mientras lo escuchábamos en nuestra cadena tamaño armario empotrado releÃamos una y otra vez los créditos del libreto, las fotos, las letras, las dedicatorias (para Natalia…anda que no tiene que estar buena
Los discos se vendÃan, algunos artistas millones de copias, otros menos, y otros un poquito (unas pocas decenas de miles), pero lo justo para justificar una gira y vivir de sus canciones.
Las secciones de discos de los grandes almacenes estaban llenas de chavales y no tan chavales, habÃa tiendas de discos en las ciudades, regalar música era habitual, y bonito.
Eso se acabó. Finito. Chis-pón.
Pregúntale al adolescente más cercano cuál es el útimo disco que se ha comprado. Se va a descojonar. Dile luego que es broma, que cuál es el último que se ha bajado y eso. ¿Cómo se va a comprar alguien algo que puede conseguir gratis? Esto es puro Perogrullo.
Primero dejamos de grabar cintas y procedimos a grabar cedés. La calidad era la misma que la del original y la comodidad también, asà que poco a poco dejamos de tener discos originales y empezamos a llenar las estanterÃas de tdk o verbatins. El cd en sà quedó relegado a artÃculo de lujo (yo es que los de Quique me gusta tenerlos originales y tal).
Ya hemos dado un paso más. El propio disco como soporte está desapareciendo. Ya no tenÃa sitio en la habitación para la colección de cedés, y empecé a hacerme fuerte en el salón, donde antes habÃa una enciclopedia médica. Las pilas de cedés rebosaban por todos lados, con la consiguiente perplejidad de la familia y visitas.
Hoy llevo en el bolsillo todos esos discos y algunos más, en un ipod que sólo está a la mitad de su capacidad. No recuerdo la última vez que me senté al lado de la cadena a escuchar cedés, como no recuerdo la última vez que alquilé un vhs o me tomé un tang.
La música deja de ser algo tangible y se convierte en un montón de bytes de disco duro a disco duro.
Se veÃa venir desde hace algunos años, pero es ahora poquito a poquito cuando la industria toma cartas en el asunto. La piraterÃa (unos señores venden a otros el trabajo de un tercero sin permiso de éste) se ha asentado en la sociedad como algo normal y habitual. Se sigue intentando luchar contra ella pero me da la impresión de que cada vez con menos fe. Después de unos años en que las descargas gratuÃtas no dejan de aumentar por fin las discográficas empiezan a promover la descarga de pago. Un disco puede costar 6 o 9 €, y la descarga de un solo tema para el móvil 1,6€…más iva por 4 sms. El caso es que descargas para el móvil hay miles y de discos legales no. Quizá ese es el futuro de la música. Que el disco desaparezca. De la web al ordenador, y de ahà al ipod. Pues qué pena. Con lo que me gustaba a mà ir a Carrefour y fisgar a ver si habÃan puesto en serie media alguno antiguo de Van Morrison. TenÃa mas encanto que teclearlo en la búsqueda de emule. Definitivamente.
Bueno. Otro dÃa sigo, que tengo que meter el último de Van en el ipod.
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Octubre 15th, 2008 at 11:33